sábado, 10 de diciembre de 2016

Cuarta entrega: mas datos sobre la biografia de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, hasta su llegada a Avignon.





  
     Continuamos con el breve esquema de la Vida del cardenal Don Gil de Albornoz y Luna, hasta su llegada a Avignon.


Nacido de padres nobles en Cuenca (algunos afirman que en el pueblo de Carrascosa del Campo, como su padre) en torno a finales del siglo XIII o los inicios del XIV, entre 1302-1303, Gil (Egidio) Álvarez de Albornoz, heredó el carácter de su padre, GARCÍ ÁLVAREZ DE ALBORNOZ, (+ 1328) V Señor de Albornoz, de Cañizares, de Aldehuela, de Uña, de Mezquitas, de Valmeca y de Hoyo de Cuenca, el espíritu de los lideres militares que hicieron tan ilustre a la Casa de los Albornoz.
La ternura de su madre TERESA DE LUNA, (+ 1362) hija de Gómez de Luna, (nieto del Infante don Jaime) hermana de Kimeno (Ximenez) de Luna, Obispo de Zaragoza y Arzobispo de Toledo, con quien tuvo las mayores conexiones con el Alto Clero y muchas derivaciones en sus asuntos eclesiásticos, como veremos a continuación.
Su padre, V Señor de Albornoz, fue Tutor de Alfonso XI de Castilla, y de su hijo el Infante Sancho; fallecido el 18-IX-1328, sepultado en la Catedral de Cuenca, en la Capilla familiar de “Los Caballeros”.
Su madre, fallecida en 1362, era también hermana de Pedro de Luna Ricohombre de Aragón, y de Juan de Luna, padre del Papa Luna.
Ambos Teresa y Garcí fueron padres de:
1.- Alvar García de Albornoz y Luna “el Viejo”, Nacido en Carrascosa del Campo, en fecha desconocida (+ 1374) VI Señor de Albornoz, de Torralba, de Utiel, de Beteta y de Moya. Fue enviado como Embajador a Francia por Alfonso XI para casar a su hijo, el futuro Pedro I, con Blanca de Borbón, acompañando a esta hasta Valladolid, de cuyos reyes fue Copero mayor y Mayordomo de Enrique II.
2.- Fernán Gómez de Albornoz y Luna, nacido en fecha desconocida (+ 1376); Señor de Villoria de Cuenca, de Campo-Robles en Valencia, de Pedraza en Segovia, de Merinos y Arcos, General de la Frontera de Requena en 1337, Comendador Mayor de Montalbán y de Mestanza y Trece de Santiago. Acompañó con su hermano Alvar García en 1329 lucha contra don Juan Manuel; en 1331 se halló en Burgos, en la coronación de Alfonso XI, y fue uno de los que al día siguiente el Monarca armó Caballeros. En 1352 participa en el primer sitio de Algeciras.  
3.- Gil Álvarez de Albornoz, nacido en Cuenca,  o quizás en la aldea de Carrascosa del Campo, en torno a 1302-1303, fallecido el 24-VIII-1367 en Viterbo (Italia). Arzobispo de Toledo 1337, Cardenal de San Clemente en 1351; fundador en 1364 del Colegio Español de Bolonia (Italia). Su capacidad, sus ambiciones personales y sus ideales tanto como las “circunstancias” se combinaron para que estas dos tradiciones familiares, fueran su herencia mas importante. Su Carrera fue tan destacada como variada. Hay que citar, como hemos descrito, sus mas ricas y variadas biografías, (de una muy amplia historiografía) tales como: la Vita Eagidii de Giovanni Garzoni y Rodrigo Bivar, en 1505; de vita et rebus gestis Aegidii Albornoti, en 1521 de Juan Ginés de Sepúlveda; Cardinal Albornoz, der zweite Begründer des Kirchenstaates”, en 1892 de H.J. Wurm; La riconaquista dello Stato della Chiesa per opera del Cardinale Egidio Albornoz”, en 1901 de Francisco Filippini; Don Gil de Albornoz, en 1913 de Antonio Jara; Albornoz, en 1912 de Mgr. G. Mollat; El Cardenal Gil de Albornoz, en 1941, del Conde de Romanones; El Cardenal Albornoz, Canciller de Castilla y Caudillo de Italia, en 1959 de Juan Beneyto Pérez; Roma e il Cardinale Albornoz, en 1958, de V. Fanelli, Il Cardinale Albornoz nel VI Centenario delle del VI “Constitutiones” 1357-1957 en Studia Picena; Gil Albornoz et Androin de La Roche, Correspondance des Légats et Vicaires-Généreaux, en 1964, de Glénisson et Mgr. Mollat.
Después de una excelente educación en Zaragoza, con su tío don Ximeno, como también hemos ya citado,  estudió Derecho Canónico y Civil en la Universidad de Toulouse entre 1315 y 1325 y adquirió el entrenamiento que le hizo uno de las mas astutas mentes legales de sus días. Casi después de recibir su Doctorado, en intima convivencia con su Profesor de Derecho Civil, Étienne Aubert, futuro papa Inocencio VI, recibió varios beneficios eclesiásticos, como el de Decano y Arcediano de Calatrava y se convirtió en el “favorito” del rey Alfonso XI, quien a pesar de su juventud, le hizo miembro de su Consejo de Castilla, a proponerle al papa Clemente VI, en 1339 como arzobispo de Toledo.
No hay que olvidar, repetimos, que el cabildo de la catedral de Cuenca, ya le había propuesto como Obispo de dicha diócesis, pero el papa Juan XXII, se negó a ello, porque ni tenía la mayoría de edad, ni había recibido las Sagradas Ordenes. Tras la vuelta de Toulouse, parece ser que volvió a Carrascosa del Campo, a visitar a su familia, y a su preceptor Pedro Egidio, que a la sazón era canónico en la catedral conquense, edificando Don Gil una iglesia en Albalate de las Nogueras de la que, según la tradición, fue Párroco. En apoyo de esta tesis se dice que el campanario de esta Iglesia tiene la forma de una Mitra. Debió tener cargos en la catedral de Cuenca, previos a su nombramiento como arcediano de Calatrava, pues según sus albaceas testamentarios Don Gil, antes de ser elevado a la Diócesis de Toledo, ha de hacer explicita renuncia de ciertas prebendas y beneficios.
El 13 de mayo de 1338, la Cancillería pontificia, en nombre del papa Benedicto XII, daba la carta de provisión como Arzobispo de Toledo a nombre de don Gil de Albornoz y Luna, “diácono, arcediano de Calaltrava, capellán pontificio y doctor en decretales”. Es muy cierto que la elección de don Gil se debió a la influencia real y aunque el cabildo toledano no tenía la unanimidad respecto a don Gil, pues había varios partidarios del deán don Vasco,  no se llegó a esta decisión pues la consecuencia inmediata de elegir a don Vasco hubiera sido una excesiva preponderancia del Cabildo, cuyos intereses estaban muchas veces, en contraposición con los intereses reales. Don Gil se traslada a Avignon, en 1338, residencia de Benedicto XII en busca de las necesarias confirmaciones y una vez obtenidas estas de un papa, (hijo de una modestas familiar de un panadero que ingresó como monje cisterciense y quien combatió fuertemente el nepotismo y la simonía,  intentando, en cierto momento, volver a fijar la sede pontificia en Roma, lo que le fue imposible por hallarse la península italiana inmersa en situaciones muy conflictivas, por lo que le hizo desistir de su intento), Albornoz volvió a Castilla.
Don Gil ya es Primado de España y desarrolla muy intensamente su labor como Arzobispo de Toledo. Uno de los temas que mas se ha destacado de su actividad pastoral fue su lucha casi constante  contra las “barraganas” y el concubinato, en el que se encontraba parte de su clero. Con objeto de remediar este estado de cosas, en el Sínodo celebrado en Toledo el 16 de abril de 1342, se recuerda la actualidad y la vigencia de unas normas que habían sido legisladas en el Concilio vallisoletano de 1332, pero que en realidad, no habían llegado a ser implantadas. Don Gil denuncia esta mala forma de vida, y ordena que se prive de sepultura eclesiástica a las públicas concubinas de los clérigos; impone además la inhabilitación de éstos para obtener nuevas capellanías o beneficios y decreta la pena de excomunión para los legos que tuviesen parte en estas infracciones. Asimismo, condena que estas mujeres no sean admitidas en los oficios divinos, incluyendo en esta denominación a las barraganas públicas, y ordena a los sacristanes y personal subalterno de las Iglesias que procedan a denunciar a aquellas mujeres que infrinjan esta orden. El caso de las “soldadescas” en esta misma línea no lo vamos a citar mas “in extenso” pero si hay que hacer mención de la elección, sin duda equivocada y sin conocer bien a sus clérigos que hace don Gil de Juan Ruiz, arcipreste de Hita y comisionado suyo para dar a conocer a los clérigos de Talavera todos estos extremos. Don Juan, excelente poeta e ingenioso personaje, no era sin embargo tan buen sacerdote y tenía su correspondiente barragana y reuniendo al Consejo talaverano, donde eran frecuentes dichos casos en el clero local, se hizo mofa de lo mandado por el arzobispo y el arcipreste extremó su imprudencia y desacato a Don Gil al extremo de escribir que “si él encontrase al arzobispo en otro tanto angosto, ya le daría tal vuelta que nunca tuviese al angosto”. Llegadas estas coplas a conocimiento de don Gil y para evitar la indisciplina de su clero, ordenó de inmediato la prisión del arcipreste el 19 de mayo de 1339 y precisamente en las largas horas de su encierro fue cuando escribió el “Libro del buen amor” que le hizo tan famoso. Pero la preocupación por su clero, hace que el arzobispo primado recuerde que al menos, uno de cada diez sacerdotes adscritos a cada catedral están obligados a dedicarse a los estudios teológicos, a la predicación y a las artes liberales. Es mas llega a decirles a su clero que: 1º Se raspen, al menos una vez al mes, la barba; 2º Que no se dejen crecer el pelo por debajo de las orejas; 3º Que se alejen de prostitutas y barraganas y 4º Que digan Misa al menos una vez a la semana.  El Concilio provincial de Alcalá de Henares se decidió castigar también la simonía, muy en línea con las directrices de Benedicto XII y que los Arcedianos no cobrasen tallas o contribuciones a cualquier clase de clérigos y en cuanto a los laicos, propone don Gil una mayor educación moral y religiosa, aconsejando su asistencia a la catequesis, para la que es un claro ejemplo la redacción y publicación del Catecismo en castellano, en el que se contenía verdades y virtudes religiosas, en grupos de siete en siete, con el fin de obtener una mejor memorización de su contenido.
Durante el trascurso del 1340 nuestro arzobispo pasa parte del tiempo en Alcalá de Henares, ocupado en los asuntos de la Curia y en 1341 se señala su presencia en las Cortes de Burgos, pero esta vez no ya solo como canciller o arzobispo, sino como legado pontificio de la Cruzada, cargo para el que había sido nombrado por el Pontífice Clemente V, que había sucedido recientemente a Benedicto XII. En 1345 asiste, en su propia archidiócesis a las fundamentales Cortes de Alcalá de Henares, en las que se llevó a cabo una amplia renovación de la legislación y la administración municipal. De hecho en Alcalá, a lo largo de 1348, se agrupan un conjunto de 131 leyes, divididas en 32 títulos y promulgadas por Alfonso XI y sus Cortes, que son sin duda el corpus legislativo principal de la Corona de Castilla de la Baja Edad Media, que junto a las leyes de Toro, la Nueva Recopilación y la Novísima Recopilación, el Fuero Juzgo y el Código de las VII Partidas, estuvieron en vigor en España, hasta la promulgación del Código Civil de 1889. Estas Cortes, que se reúnen sucesivamente en León, Burgos y Alcalá de Henares, en 1345 dispusieron los Concejos, regidos por ocho “hombres buenos” los cuales se encargarían de hacer todo cuanto conviniese al bien del ayuntamiento, Junto a ellos actuaban el juez real, los alcaldes y el escribano.
Todo esto, así como la progresiva “centralización” y “uniformidad” de las leyes influenciada por don Gil, que procura ir recogiendo todas las compilaciones privadas en una serie de ordenamientos, siendo, quizás el primero, el Ordenamiento de Ciudad Real, seguido poco después por el de Segovia; en ellos se advierte como mayor preocupación, la independización de la justicia, que debía ser aplicada por jueces reales, aunque vulgarmente fueran llamados “jueces de salario”, por tener un sueldo fijo que les permitiría no estar subordinados a intereses bastardos. Y así llegamos al Ordenamiento de Alcalá de 1348, el que sin duda tuvo mas importancia de todos ellos y en el que Albornoz se significo grandemente como Legislador, porque este ordenamiento supone el paso de una legislación local a un derecho territorial, como hemos apuntado anteriormente. Pero completemos el dato de que estas 131 leyes que hemos citado mas arriba, cuyo espíritu sin duda refleja la realidad de la archidiócesis de don Gil de Albornoz, recogían muchos extremos de la Administración como: 1º La organización militar (con la tendencia a la creación de un ejercito permanente) sustituyendo también “los honores” por el sueldo; 2º Y encomendando al monarca la custodia y guarda de fortalezas y castillos, en los que tanta pericia demostraría don Gil en Italia, especialmente en la costa del Mar Adriático.
Baste decir en este momento, que hay que ver, como conocía don Gil, estos temas cuando tuvo que aplicarlos urgentemente en el Parlamento de Fano de 1357, que veremos en su momento.
Pero además hay muchas actividades estratégico militares en las luchas contra los Moros en Andalucía que están bien presentes ya en las “Reuniones de Cuenca” en las que tienen que contarse con la presencia de Don Gil, como Canciller de Castilla por un lado, y como arzobispo de Toledo por el otro, especialmente en las Cortes de Burgos en 1341, en un momento en el que los reinos de Castilla y de  Aragón así como el de Portugal, tienen que establecer una seria alianza para defenderse contra los Moros, y especialmente del Emir de Marruecos, Abul Hassam, que había cruzado el Estrecho y se habia estableciudo rechoespecialmente del Emir de Marruecos, Abul Hassam, que haba diez sacerdotes adscritos a cada cetadral.ios diía establecido con sus Benimerines en Algeciras y que amenazaba con atacar a los reinos cristianos peninsulares. Es cierto que en esos momentos se respiraba por doquier el ambiente de guerra, y que para ella, era necesario fundamentalmente el dinero, por lo que a partir de las cortes de Burgos de 1338, se empiezan a establecer las cuantías que deben aportar los nobles, valorándose los bienes que los reyes habían entregado a sus vasallos. Albornoz influye directamente en dichas Cortes para que se restrinja el lujo, no solo en su aspecto suntuario, sino en la comida y en la bebida y se señala que el rey solo puede comer cuatro platos, como máximo, los prelados y nobles tres; los caballeros, escuderos, etc.  y para todos, una sola clase de vino en las comidas.
A la cabeza de su Arzobispado, actuó en Tarifa en octubre de 1340, y la tradicin﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ de 1340, y la tradicidactuño en TArifa  elevado a la Diocesis de Toledo, ha de hacer explicita renuncia de ciertas prón asegura que salvó la vida del rey Alfonso XI. Igualmente fue un participante distinguido en la batalla del Salado en 1340 (en cuya descripción no podemos entrar pero de la que quedan testimonios muy importantes de su carta al papa extremadamente descriptiva del desarrollo de dicha Batalla) así como en los sitios y captura de Algeciras en 1344 y de Gibraltar en 1349. Pero la situación en el estrecho del reino de Castilla, era muy compleja después de la derrota que los Benimerines infligieron a Alfonso XI en 1333 conquistando Gibraltar que protege futuros desembarcos en la bahía de Algeciras. En esta ocasión, como diremos mas tarde, don Gil se dirigió directamente, en varias ocasiones, a visitar Avignon, muy joven, para interceder ante el pontífice Juan XXII sobre la propuesta del Cabildo de Cuenca relativa a su persona, y con Clemente Vi, para negociar un impuesto para aumentar la cruzada contra los Moros, proveniente de las rentas de la Iglesia. Esta visita y otras dos mas, hizo, según afirma Berthe M. Marti, que “el Papa quedó muy impresionado por sus habilidades diplomáticas y por su reputación, en las proezas militares, lo que tuviera muy en cuenta, en las diversas competencias y genios de Albornoz, para ser usados en promover los intereses de la Iglesia”.
Según la biografía que estamos siguiendo de la Profsa. Marti, con el fallecimiento de Alfonso XI, por peste, en el sitio de Gibraltar, “Albornoz cayó en desgracia” pero la verdad, según algunos otros estudios contenido en las “Studia Albornotiana” Vol. I, pp. 345 y ss. como el de la Dra. Hilda Grassotti, “En torno al exilio del cardenal Albornoz” lo cierto es que la actitud de Pedro I (el Cruel) según este trabajo “el exilio de don Gil de Albornoz deben vincularse sencillamente con el temor que le inspiraba el carácter del nuevo soberano, en función de su pertenencia a grupos políticos desplazados sin remedio de la vida publica a la muerte de Alfonso XI y de la realidad de los peligros de que su condición de arzobispo no le liberaba” y continua afirmando que “El miedo y recelo de los prelados frente a los reyes hubo de alcanzar, naturalmente, dimensiones jamás imaginadas en los días del vesánico Pedro el Cruel” quien no fue ni manos ni cuerdo y mató sin detenerse ni ante su esposa Blanca de Borbón, su tía, sus hermanastros, sus primos, sus mas fieles servidores…y asegura la Dra. Grassotti que “ difícilmente habría hecho excepción con los prelados de su reino”.
            Vemos pues que don Gil lo que hizo realmente es que se exiló, como muchos otros de los favoritos de Alfonso XI. Albornoz peregrinó a Avignon cerca de Clemente VI un benedictino, buen orador, docto teólogo y quien se distinguió por su generosidad, liberalidad, cuarto papa del pontificado de Avignon quien compró a la Reina Juan de Nápoles, el 9 de junio de 1348, por 80.000 florines, la soberanía de Avignon por lo que se aseguraba una mas prolongada estancia de la residencia papal en el extranjero.
En aquellos momentos, cuando debió llegar don Gil a la corte pontificia, en el otoño de 1350 (don Alfonso había fallecido en marzo del 1350) él conocía ya bien, de visitas anteriores la corte de los Papas de Avignon, atacada por la pandemia que se extendía por toda Europa, de la que había fallecido su monarca en el sitio de Gibraltar. La peste negra llegó a mermar la población aviñonesa casi en su mitad, al extremo que también afectó al sagrado colegio cardenalicio, por lo que cuando don Gil llega a Avignon, Clemente VI había convocado un consistorio para reponer a los mas de diez cardenales fallecidos por la peste negra (él mismo se salvó porque en el caluroso verano de 1348, permaneció en dos fuegos que se atizaban constantemente para mantener alejadas las pulgas de él). En diciembre de ese mismo año, Clemente VI designó a 12 cardenales (los 12 apóstoles) de los que el primero de todos ellos iba a ser Albornoz, encontrando en este nombramiento mas que una “airosa” salida a su salida de la Corte de Castilla, a la que ya no iba a volver nunca mas.
Al parecer la fama de don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, en la corte pontificia, era mas que conocida. Sus campañas contra los Moros y sus preclaras actividades al frente de su Archidiócesis de Toledo, su extremado cuidado de su clero, del que tuvo suma atención y protección, al extremo de publicar su Catecismo en Castellano, que ya hemos descrito anteriormente, y convocar mas de una docena de Sínodos y Conclaves, le hacían merecedor de tan alta recompensa en la Curia papal. Don Gil eligió el titulo de San Clemente, cuarto papa y obispo de Roma, martirizado y cuya fiesta se celebra el 23 de noviembre, para permanente recuerdo de sus Colegiales, cuyos detalles veremos mas adelante. Pero no hay que olvidar que en Avignon también se conocía y de sobra la importante actividad legisladora que Don Gil había llevado a cabo en su propia archidiócesis y mas en concreto con motivo de las Cortes de Alcalá de Henares de 1348, en las que se refundió la tradición legislativa desde, prácticamente, las VII Partidas de Alfonso X el Sabio, lo que dio lugar a una muy importante recolección de disposiciones legislativas de derecho publico y también de derecho privado, cuyo profundo conocimiento utilizó don Gil en momentos que describiremos mas adelante.

   

jueves, 8 de diciembre de 2016

Tercera entrega, sobre el Cardenal don Gil Álvarez de Albornoz y Luna: Estrategias desde Avignon y comentarios complementarios sobre sus dos primeras biografias.



  

A la muerte de Alfonso XI y con el advenimiento complejo del más complejo Pedro I el cruel, no se sabe a ciencia cierta si Don Gil presentía todo lo que se iba a desarrollar en Castilla, y más aún con el cambio de dinastía a la de los Trastámara, pero lo que si es evidente es que una vez fallecido, en uno de los últimos sitos de Gibraltar, Alfonso XI, el biznieto del murciano Alfonso X el Sabio, el arzobispo de Toledo, deja la sede y se encamina a Avignon. Como hemos dicho, no se despide de ningún rey, ni en Portugal, ni en Castilla, ni en Aragón, ni en Navarra.



Dos notas tan solo de los antecedentes con los que se encuentra Don Gil en Avignon, aunque ya conocía bien el tema por varias visitas, varias misiones y varias embajadas, pero ninguna de la altura, el interés y los horizontes de la que se iba imaginando en aquel año del señor tan importante como fue el de 1350.


Desde casi su fecha de nacimiento, los papas, se habían trasladado a la pequeña ciudad de Avignon, muy bien comunicada con los señoríos italianos.



En la segunda mitad del siglo XIII dos concilios se celebran en Lyon y cuatro papas son franceses, pero Roma miraba continuamente a Francia y el paso dado por Clemente V no escandalizó a nadie. Pero tanto él como Juan XXII no pensaron en establecerse definitivamente en Avignon.


La ausencia del papa de Roma duró unos 77 años (más o menos la edad de Don Gil Álvarez de Albornoz) y ni estuvieron "desterrados" ni "cautivos" ya que a los romanos esa ausencia, les recordaba mucho como el destierro de los judíos en Babilonia y muchos veían al pontífice de Avignon como un vasallo del rey de Francia. Vamos a hacer una pequeña historia del papado en Avignon, como uno de los síntomas más del "epiléptico" siglo XIV que diría Menéndez Pidal.

          El inicio de la ausencia de Roma, fue el resultado del largo Conclave celebrado en Perugia a la muerte de Benedicto XI, cuando los cardenales decidieron en ofrecer la tiara al arzobispo de Burdeos, Bertrand de Got, que se coronó en Lyon en presencia del rey de Francia, Felipe IV y desde entonces, se afirma que se vio clara "la presión del rey y la debilidad del papa" quien se hospedó en un convento de los dominicos, pero desde entonces, marzo del 1309, Avignon será la nueva Roma. Sin embargo el papa seguía con sus impuestos, que como la "anata" la exigió a Inglaterra y con éste y otros tesoros, enriqueció a sus parientes. Casi todos los cardenales que creó eran franceses y lo más importante de su pontificado fue el concilio de Vienne (1311-1312) convocado por voluntad del rey con el fin de juzgar a los Templarios.


Falleció en 1314 y tras un conclave de dos años y tres meses, que estuvo a punto de originar un cisma, se eligió a Juan XXII, el que negó el obispado a Albornoz en la ciudad de Cuenca, cuando no tenía ni mayoría de edad, ni las sagradas ordenes. Juan XXII siguió viviendo en el palacio que había ocupado siendo obispo de Avignon, y era un hombre sencillo, autoritario y buen administrador. Tuvo numerosas intervenciones entre los candidatos al trono alemán y hasta se le presentó como enemigo de Alemania y casi como un "hereje" aunque acentuó la tendencia hacia la centralización y el absolutismo. De 28 cardenales que creó, 23 eran franceses.



El cisterciense Benedicto XII,  corrigió muchos abusos, atajó la acumulación de beneficios, implantó la reforma de la orden del Cister y la de San Benito e intentó, sin éxito, reformar a los franciscanos y a los dominicos, pero predicaba a todos con el ejemplo de su vida austera y piadosa, siendo uno de los pocos papas exentos de nepotismo.


Clemente VI fue el papa con el que se encontró Don Gil de Albornoz, en 1350. Había sido elegido en 1342, era buen orador y docto teólogo y se distinguió por su generosidad, liberalidad, amor al lujo y al fasto. La corte avignonesa alcanzó con él su apogeo de esplendor. Lo que no brilló tanto en este pontificado fue la piedad sacerdotal y el espíritu eclesiástico. Su pontificado coincidió con la gran epidemia de la peste negra, arrebatando más de la mitad de la población de Avignon y el papa mostró su gran misericordia con los contagiados y con los difuntos. La compra que hizo de la soberanía de Avignon por 80.000 florines a Juana de Nápoles y Provenza (9 junio, 1348) aseguró una más prolongada estancia de la residencia papal en el extranjero. Fue por esa época que él declaró a la misma princesa inocente de complicidad en el asesinato de su marido.


Repetimos que este es el Avignon que se encuentra Don Gil, en el entendimiento de que no había ningún cardenal español, pues el último había fallecido hacia 1348, en la persona de Pedro Gómez Barroso. No está muy fuera de lugar que Don Gil pensara en la posibilidad de obtener el capello cardenalicio, lo que en realidad ocurrió a muy poco tiempo de llegar a la corte papal, el día 17 de diciembre de 1350, junto a otros 11 cardenales de los que seis se encontraban ya en Avignon. Como hemos señalado el título fue el de San Clemente y como cardenal presbítero. Añadamos algo en relación al cardenalato: La dignidad de cardenal, eclesiástico de alto rango de la Iglesia católica es el más alto título honorífico que puede conceder el papa. Por lo tanto quienes lo reciben se convierten en miembros del Colegio cardenalicio y son "creados" en una ceremonia especial llamada "Consistorio público". La principal misión del Colegio de cardenales es elegir el Sumo Pontífice, en caso de fallecimiento o renuncia del anterior. En circunstancias habituales, el deber fundamental del Colegio cardenalicio es aconsejar al papa. Muchos Cardenales gobiernan diócesis o archidiócesis importantes, presiden y participan activamente en la administración de la Santa Sede. Dado que en sus orígenes los cardenales eran clérigos al servicio de la diócesis de Roma, es costumbre que a cada cardenal designado por el papa se le asigne un titulus, que puede ser: Bien un obispado sufragáneo (llamado "suburbicario", etimológicamente "inferior en la ciudad"), o un título presbiterial o la diaconía de un templo de la arquidiócesis de Roma. En el caso de Don Gil, o bien él o bien el papa eligió el título de San Clemente, que ya hemos descrito anteriormente y que se trata del IV papa de la Iglesia católica, pues fue Obispo de Roma, mártir y autor de la Epístola a los Filipenses.



Creo que es importante señalar en este momento la elección del título de San Clemente, con cuyo título se creó por Don Gil y en su Testamento hecho en Ancona el 29 de septiembre de 1364, el Collegium Hispanicum de Bolonia, primera institución para el estudio en Italia de los jóvenes de los reinos de la península ibérica en el siglo XIV y que todavía, no solo sigue en vigor, sino que con el paso del tiempo, adquiere un talante y una fuerza que no podemos dejar de pasar por alto, en este momento en el que entramos, por así decir, en la tercera de las fases de la vida de nuestro Gil Álvarez de Albornoz y Luna, cuya primera biografía del Boloñés Giovani Garzoni y del colegial Rodrigo Bivar, tendremos que extendernos, con cierta profundidad en la nota introductoria a esta "semblanza" de Don Gil de Albornoz, que quizás vamos a titular, algo así como "Posts en mi Blog" sobre Don Gil de Albornoz, en el DCL aniversario de su Colegio de España en Bolonia, el 29 de septiembre del 1364 y en el DCL aniversario de su fallecimiento en Viterbo, el 23 de agosto del 1367.


En todo caso, y antes de seguir con la vida de Don Gil en Avignon y su alta estima, consideración e importancia que merecía en la curia, tendremos que hacer una digresión, creo que importante, sobre las dos primeras Biografías sobre su persona y sus obras, las dos en Latín, la primera es un manuscrito sobre pergamino escrito, como hemos dicho por el boloñés Giovanni Garzonio y por el colegial Rodrigo de Bivar, (estudiada por Julián Donado Vara, "Algunas noticias acerca de la "Vita Aegidiana" y sus autores" en el Vol. IV de los Studia Albornotiana, dirigdos por Evelio Verdera y Tuells, tomo XXXV, pps. 343 y ss. y en el tomo XCVIII de la citada colección) y la  segunda biografía, escrita también en latín, pero publicada en castellano, de Juan Gines de Sepúlveda, "Liber gestorum Aegidii Albornoti Carrilli Conchensis S.E.R. cardinalis, et archiepiscopi Toletani...." especialmente en los atinados comentarios de María Teresa Ferrer Mallol, "Estudio histórico a la edición de Juan Ginés de Sepúlveda, Historia de los hechos del cardenal Gil de Albornoz", Pozoblanco (Córdoba) Ayuntamiento, 2002 cuyo desarrollo hemos seguido en muchos casos, para hacer más fácil la lectura de estos a veces des-labazados, des-hilvandos y des-organizados posts en mi blog, pero que requieren, en ambas ediciones y en ambas redacciones, un comentario muy especial que haremos, antes de seguir adelante con la muy destacada e importante vida, obras y espíritu del Cardenal y Legado pontificio Don Gil Álvarez de Albornoz y que quizás debería situar en la nota preliminar ante la "eventual" edición de estos Posts en mi blog, sobre mi Patrón y Protector, desde mis 22 años, en los que me encontré con él y con su Fundación, de la Domus Yspanica en Bolonia, del Cardenal Don Gil Álvarez de Albornoz.


 I. Nota preliminar a las dos primeras biografías del Cardenal Don Gil de Albornoz.


En este momento, hay que precisar y esclarecer como hemos llegado a conocer la vida y la obra de Don Gil de Albornoz.



En la biblioteca comunal de Imola existe un manuscrito, naturalmente en latín, bajo el titulo de Garzonius De Albornocci Vita proveniente, originalmente, de la Biblioteca del Colegio de España, que contiene la primera biografía de Don Gil, y que se sabe que fue escrita en 1498 a propuesta del obispo de Ávila, Alfonso Carrillo de Albornoz, que le instó a Rodrigo de Bivar, colegial en San Clemente para que se pusiera en contacto con Juan Garzonio, boloñes para que escribiera una biografía de Don Gil. Es increíble que después de más de 100 años de fallecer el Cardenal Albornoz, precisamente su pariente, Obispo de Ávila, deseara que se conociera su vida y se investigara, precisamente por uno de los colegiales, Rodrigo Bivar, así como la edición definitiva del manuscrito, el 2014, en el tomo XCVIII de los citados "Studia Albornotiana" y bajo el título de la "Vita Aegidis".


Esta es la primera y se calcula que se terminó en torno a 1509 y según afirma Julián Donado Vara, en "Algunas noticias acerca de la "Vita Aegidii" y sus autores" en los "Studia Albornotiana", dirigdos por Evelio Verdera y Tuells, Vol. IV, Tomo XXXV, pp. 343 y ss. "Esta obra, ya desde los primeros tiempos, ha sido considerada con desconfianza sobre su valor histórico, y con esta desconfianza ha llegado hasta nuestros días. Sepúlveda fue quien primero emitió un juicio desfavorable sobre ella. Pero la biografía que escribe Sepúlveda es una vulgar copia de la de Garzonio y Bivar, a la que sigue palabra por palabra en todo" (el subrayado es nuestro).


Pero veamos quien era Sepúlveda, para poder tener un juicio de conjunto de la biografía de Don Gil, que repetimos con Donado Vara, que siguió al pie de la letra la Biografía de Giovanni Garzonio y Rodrigo de Bivar. Eran momentos importantes para destacar. Sepúlveda llega al Colegio de San Clemente en Bolonia en el año 1515 a propuesta del cabildo de Toledo y permaneció ocho años, hasta 1523 y su primera obra con un largo título, es precisamente la biografía, en latín también, de Don Gil de Albornoz. "Liber gestorum Aegidii Albornoti Carrilli Conchensis S.R.E. cardinalis et archiepiscopi Toletano, ducis clarissimi..."


Juan Ginés de Sepúlveda, declara en su prólogo que la obra la escribe a instancias de su Rector Diego Ponce de León y por un encargo formal del cardenal Bernardino de Carvajal, del título de la Santa Cruz.


La redactó y la dedicó a Luis Carrillo de Albornoz como pariente ilustre del cardenal y también a su hermano  Gómez Carrillo, tesorero de la catedral de Cuenca, quien según él le ayudó en varios documentos para redactar el estudio que terminó imprimiéndose en Bolonia. Años después, en 1566 fue editada en Toledo y traducida al castellano por Antonio Vela, lo que le daba mucha repercusión y conocimiento, dado que el latín salvo en los clérigos, era ya una lengua muy en desuso.


Pero la figura de Juan Ginés de Sepúlveda, que vivió mas de 80 años, tuvo mucha actividad intelectual, y contó con el alto patronazgo de Carlos V que le hizo su cronista oficial y tutor de su hijo Felipe II.


Es natural que habiéndose producido, a los casi cien años de fallecimiento del Cardenal Albornoz y con la unión de Castilla y Aragón, la figura de Don Gil, fuera, especialmente interesante, además  con la presencia permanente de su Domus Yspanica, un tema que no solo había que conocer, sino investigar como se encargó a Rodrigo Vibar y a Juan Gines de Sepúlveda.



No hay que olvidar que precisamente Sepúlveda, se opuso firmemente a fray Bartolomé de las Casas y a su edición en 1552 en Sevilla de su Brevísima historia de la destrucción de las Indias. Sepúlveda lo consideraba "más filántropo que tolerante"·. En todo caso, el modo de enfrentarse  Sepúlveda con Las Casas, hace pensar que cuando escribe sobre Don Gil, y teniendo a la mano la obra de Bivar y de Garzonio, es muy posible como asegura Julián Donado Vargas, que la una sea copia de la otra. En todo caso, en aquellos años en que se produce por primera vez la difusión de la vida y de la obra de Don Gil de Albornoz, era muy bien visto difundir la existencia de un personaje que tuvo un importante papel en la vuelta de los papas de Avignon a Roma y que dejo su huella indeleble, en aquellos años, de una institución educativa que como el Colegio de España, se adelantaba con una visión aún no bien destacada y estudiada, a la unidad de los reinos de Castilla y de Aragón que se produciría precisamente en los años en los que, por dos vías distintas, se encargaban dos biografías sobre Don Gil Álvarez de Albornoz y Luna.


Han habido más estudios con posterioridad a estas fechas, pero nada comparable a la obra emprendida en el Siglo XX por la colección de los Studia Albornotiana, que dirigidos e impulsados por el Rector del Colegio, Evelio Verdera y Tuells, quedan hasta hoy como el testimonio imperecedero de mayor investigación, conocimiento y difusión del creador y fundador del Collegium Hispanicum, el 29 de septiembre de 1364.



Ahora pasamos al desarrollo de su vida, de sus obras y de su espíritu, en las que nos habíamos detenido en el post anterior, sobre Don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, como cardenal del título de San Clemente, pero quizás debemos insistir más sobre las dos primeras biografías que sobre nuestro Cardenal se han escrito, para ver si llegamos bien a conocer, en este DCL aniversario de su fallecimiento en la ciudad de Viterbo, sobre su verdadera personalidad, influjo e impacto.



II. Más datos e información sobre las dos primeras biografías de nuestro Señor Don Gil de Albornoz.



Es MUY IMPORTANTE conocer, a estas alturas de nuestros relatos,  en que momento y de que manera se produjeron, las dos primeras biografías, a los más de cien años del fallecimiento de Don Gil, el 23 de agosto 1367 cerca de Viterbo, en la casa del Belriposo, y cuando estaba precisamente preparando la llegada del papa Urbano V a Roma, pues de su contenido, pero sobre todo de su forma y del modo en que fueron encargadas y realizadas, nos pueden aportar mucha luz y darnos un mayor conocimiento sobre la ingente e inabarcable personalidad de nuestro Patrón y Señor, Don Gil de Albornoz y Luna.


Algo dijimos ya antes y al respecto, pero ahora queremos añadir alguna información complementaria a nuestros relatos y especialmente destinada a nuestros amables y asiduos lectores.



He aquí el primer dato de un manuscrito todavía increíblemente inédito, (hasta su publicación por don Julian Donado, en el DCL aniversario de su Testamento, en el vol. XCVIII de los "Studia Albornotiana" tomo XCVIII) redactado en latín que debió estar en la Biblioteca del Colegio de España, pero que se encuentra actualmente en la Biblioteca Comunal de Imola y quizás después del Siglo XVIII, cuando se cerró el Colegio. Inicialmente hay que añadir dos datos: 1º Los autores son, un Colegial, Rodrigo de Bivar admitido en 1489 en el Colegio de España y entre los años 1504 y/o 1505 fecha que resulta de los 6 años que Rodrigo Bivar permaneció en él y 2º Un gran y excelente escritor latino, Catedrático de medicina, y filosofía y muy reconocido hombre político en la sociedad boloñesa y en la Roma papal, que fue Giovanni Gorzonio.


Esta biografía, la primera y para mí la más importante, aun manuscrita y en latín que habría que ¡al fin! ya ha sido publicada, con motivo del DCL aniversario de su Testamento, en el 2014 y en el vol. XCVIII de los "Studia Albornotiana" y que se titula, como hemos señalado "Garzonius De Albornocii Vita" y no está de más que conozcamos algo de su historia, sus autores y su gestación. Creo que es no solo importante sino un tema muy serio, especialmente con la primera impresión y traducción al castellano, de la impropia, muy deficiente y llena de errores biografía de Juan Ginés de Sepúlveda, cuya comparación vamos a tratar de analizar ahora con un poco más de detalle, además de lo que decíamos ayer, dado que Sepúlveda ha sido considerado siempre como el ejemplo para seguir, para describir y para organizar el recuento de la vida y las obras de Don Gil de Albornoz. Y no es así en absoluto, especialmente después del análisis que vamos a hacer de la primera obra de Bivar y Garzonio, sobre el Cardenal Albornoz, a la que muy someramente nos venimos refiriendo.


El manuscrito del humanista, catedrático de Medicina y Filosofía, boloñes Giovanni Gorzoni y del colegial Rodrigo de Vivar, tienen (según también Fernando Urgorri Casado, "Las primeras biografías españolas del Cardenal Don Gil de Albronoz" en Studia Albornotiana, Vol. I, Tomo XI, pp. 144 y ss.) un claro patrocinio que fue del Cardenal Carvajal. Pero su encargo y su dedicatoria, fue hecha por Rodrigo de Bivar al obispo de Avila, Don Alonso Carrillo.


La labor de investigación previa, recolección de datos, documentos e informes orales debió corresponder al Colegial Rodrigo de Vivar, que duró unos seis años, y el a la sazón Rector del Colegio, Don Diego Velázquez mandó que se iniciase la labor inmediatamente. Por el contrario Gorzoni hizo la labor de redacción latina. Según de Vivar, en su "proemio" estuvo ordenando unas 800 cartas y documentos de los papas Inocencio VI y Urbano V y cuando tuvo todo preparado se fue a ver a Gorzoni.
¿Porque se dedicó la obra al Obispo de Ávila Carrillo y no al Cardenal Carvajal? Según Ugorri Casado por dos motivos: 1º Porque Carrillo era pariente de Don Gil y 2º Por que fue el que gracias a su intercesión estaba él en el Colegio. Lo dice en el proemio en estas nítidas palabras Tantum tibi debeo quantum hominem homini vix debere fus est.


Hay más que añadir, para comprender la comparación que queremos hacer, de la obra más conocida de Juan Ginés de Sepúlveda,  que entre otras cosas es la que hemos seguido, en términos muy generales, nosotros, y especialmente en su descripción por María Teresa Ferrer Mallol, pero que deberemos rectificar en muchos puntos, si tenemos en cuenta lo que los expertos albornocianos, Julián Donado y Fernando Urgorri en los "Studia Albornotiana", ponen por escrito, en sus dos importantes y monotemáticos estudios sobre las primeras biografías de Don Gil de Albornoz. Como dice Urgorri, en la p. 151 de su op. ut supr. cit. cuando afirma que en cuanto Bivar tuvo terminada la ordenación e investigación se dirigió a Garzoni, quien le prometió enseguida escribir la historia.... "Garzoni gozaba de ser el mejor escritor de su tiempo....y todos le rogaban cualquier oración latina para las públicas solemnidades" y añade textualmente Fernando Urgorri Se comprende que el Rector y el Colegio de Bolonia le encargaron las redacción latina de la vida de Albornoz. ¡Y a este hombre se permitió Ginés de Sepúlveda el censurar el estilo latino y la construcción de la obra de que nos ocupamos! Por el contrario, Rodrigo de Bivar elogia la cultura y dulzura de carácter de Giovanni Garzoni y sabiendo lo que los contemporáneos opinaban de Garzoni, podemos tomar al pie de la letra este elogio de Bivar y no considerarlo solamente un adorno humanístico: De su estilo llegó a decirse:


   Di tre stili uno a fatto Gian Garzone
   Di Livio, Salustio e Cicerone.


De la comparación con la Biografía de Juan Ginés de Sepúlveda, cuyos trazos iniciales solo dejamos entrever, preferimos dejarlo para luego, porque entre otras cosas fue traducida y publicada en 1566 (a los casi dos siglos del fallecimiento del Cardenal) en unos momentos politícamente muy distintos pero, gracias a la tecnología de la Biblioteca Nacional Española,  se encuentra digitalizada, por lo que hemos tenido al oportunidad de verla y de juzgar directamente la debilidad, la falta de rigor y sobre todo el modo tan vulgar y vacío con el que se expresa, en unos muy cortos capítulos, que como se desconocía, a mediados del Siglo XVI, el conocimiento y la practica del latín, salvo los clérigos o los notarios en Cataluña, nadie tenía posibilidades de leer su traducción, pero si tuvo una amplia difusión cuando se tradujo al castellano en 1556.


Veamos con algo más de detalle esta biografía de Juan Ginés de Sepúlveda traducida y publicada al castellano... algo muy distinto del serio, concienzudo y amplio trabajo que en los finales del Siglo XV e inicios del XVI hicieron el importante escritor Garzoni y el colegial Bivar.


III. Celebración, en el 2014, del DCL aniversario del Testamento de Don Gil y en este 2017 del DCL aniversario de su fallecimiento: algunos detalles de la vida en común de los colegiales.


            Es precisamente en el año que vivimos, del 2017 en el que se corresponde al de 1374, justamente 650 años del fallecimiento del creador y dundador de una Institución educativa, la primera del mundo
- hay algunas solo algo anteriores en Oxford, pero eran inicialmente medico/sanitarias - que pensó muy profundamente el Cardenal Don Gil Álavrez de Albornoz y Luna, como una institucvión de educación de excelencia, para sus ignorantes españoles (que deberían venir a la mejor Universida del mundo, a Bolonia) es la primera del mundo y la ideó, en términos muy generales, en los siguientes puntos, que siguen siendo de aplicación en nuestros días:


1º Un centro que está dedicado al estudio de las ciencias jurídicas, médicas, telkogicas, filosóficas...etc.
         
2º En el que viven 24 estudiantes de ellos cuatro Consejeros mas dos capellanes, con su debido estipendio personal.

3º Habitando en cuartos individuales, en los que se les proveían ropas de vivienda y de vestido.

4º Con unos hábitos de comer, en conjunto y en el comedor, así como con una dieta, tan abundante como suficiente, para llevar una vida digna.

5º Los estudiantes del Colegio de España estudiarán siempre en la Universidad de Bolonia, pero en el Colegio está prohibido recibir o dar clases.

6º Finalmente, y entre otras variadas normas Estatutarias, que detallaremos en su momento oportuno, en el mismo Colegio de España, se llevan a cabo practicas institucionales, que dan un carácter muy especial a sus estudiantes, de cuyo establecimiento y Estatutos, así como del "momentum" en el que se produce el Testamento del Cardenal Don Gil de Albornoz, el 29 de septiembre del 1364 y su fallecimiento el 23 de agosto del 1367, (con su previo Codicilo, la vispera de su muerte) nos ocuparemos mas adelante y con mayor detalle.

Estas normas y Estatutos, después de más de seis siglos y medio siguen siendo, más o menos, similares, aun con necesidad de un verdadero aggiornamento, especialmente en esta segunda mitad del siglo XXI, dada la permanencia actual de la vida, las obras y el espíritu de Don Gil Álvarez de Albornoz y Luna, Cardenal de la Iglesia Romana, Legado Pontificio en Italia y Arzobispo de Toledo.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

El "epiléptico" siglo XIV en el que vive don Gil de Albornoz y Luna.



   


   

             I. El “epiléptico” siglo XIV y el momento “sistémico” en el que desarrolla su vida, Don Gil de Albornoz y Luna.

            Aunque suene a redundancia o mera contradicción, el Siglo en el que  - más o menos - a los 5 o 6 años de su inicio, nace, posiblemente en Carrascosa del Campo (Cuenca), Don Gil Egidio de Albornoz y Luna, en torno al 1303/1308 en los inicios del muy difícil siglo XIV, cuando se producen varios fenómenos de alta y crítica intensidad y que citando al gran historiador  Miguel A. Ladero, en su Historia Universal, Vol. II. pp. 735 y ss. se trata de una "época distinta, caracterizada por la depresión y crisis económicas, la inestabilidad del orden social y los cambios o mutaciones en su seno que acabarían por consolidar su continuidad, una vez renovado, cuando los tiempos difíciles tocaron a su fin, en general durante la segunda mitad del siglo XIV" y continúa el Académico Ladero  "el medioevo tardío fue también un tiempo creador de los miedos que permitieron superarlos y afrontar una gama amplia de situaciones nuevas, sin que ello produjera la quiebra del sistema social en su conjunto, que continuó su desenvolvimiento durante varios siglos mas".

Veámoslos muy brevemente:

1º Por una parte se encuentra uno de los peores siglos de la humanidad, plagado de guerras, pestes, luchas fratricidas, cambios climáticos, malas cosechas, hambre, hambrunas que acaban hasta con casi un tercio de la población europea.

2º Por si fuera poco, la muerte del último rey de la dinastía de los Capetos en Francia, causa un largo conflicto europeo por la sucesión de la corona en Francia, cuando uno de ellos coronaron a Felipe VI de Valois, primo hermano del fallecido. Pero Eduardo III rey de Inglaterra inició las hostilidades contra Francia dando inicio a la Guerra de los cien años. La más duradera de la historia de la humanidad.

3º Por otra parte las malignas plagas provocadas por las pocas cosechas, las mezquinas colección del trigo, las hambres y las persistentes hambrunas, causaban miles de miserias que provocaron, en un cierto u otro modo, los brotes de pestes que en sus modalidades bubónicas, neumónicas y pesticémicas trajeron la llamada "peste negra" que asoló muy duramente a Europa entre 1348 y 1355.

4ª Estamos en tiempos, por lo demás, (afirma Ladero, en su op. cit. pp.736/737) de fuertes contrastes, de violencia y de miedo. De fuerte y rápida renovación generacional también, la esperanza de vida llega a transiciones generacionales que son a menudo más abruptas y duras, y transidas muchas veces por la conciencia colectiva de miedo, a la guerra, a la epidemia, a la ruina económica o a la política y teñidas todas ellas de violencia, que vuelven a ganar terreno en las relaciones sociales, durante aquel tiempo de crisis".

5º Hasta la misma Iglesia Católica abandona Roma. Lacerada por todo tipo de acusaciones provenientes de Francia, en un largo cónclave de once meses, fue elegido en 1305 en Perugia, el arzobispo de Burdeos, Bertrand de Got, que no era cardenal, pero que había mantenido una postura neutral en el conflicto entre Bonifacio VIII y Felipe el Hermoso. Tomó el nombre de Clemente V, se hizo coronar en Lyon y ni siquiera bajó a Roma y en 1309 se dirigió hacia Avignon, donde se instaló su sucesor, tras dos largos años de conclave, el papa Juan XXII.

6º Precisamente en esos tiempos tan complejos, tan difíciles y tan complicados, es cuando nace la egregia e imperecedera figura de Don Gil de Albornoz y Luna, de tal categoría que Don Marcelino Menéndez Pidal afirma de él que es "el genio más grande que en política ha producido la raza" lo que confirma Cánovas del Castillo cuando le califica  como  "el más eminente político de la Edad Media".

¿No creen Vds. que en un tal personaje y en un tan tremendo siglo en el que vive, esto es una contradicción? ¿Alguien se equivoca? ¿O por el contrario nos encontramos ante un personaje políticamente de la mayor calidad en el género humano y también en las áreas socio, cultural, y económica? ¿No creen Vds. por el contrario que estamos frente a una gran Providencia?

Lo veremos, con todo detalle y más adelante, pues Don Gil de Albornoz no ha comenzado, todavía,  las últimas de sus más importantes misiones, al servicio del Papado y precisamente en la Corte de Avignon.
Pero repito: ¿No les parece una contradicción, o por el contrario, no estamos ante un personaje, Don Gil Álvarez de Albornoz, que se magnifica en el tiempo y en el espacio, que se engrandece en sus obras y en sus pensamientos o que, en fin, podemos, debemos y es preciso reconocerlo con sencillez, que en su hidalguía y en los detalles de su comportamiento político, es la más válida firma y el más valido político y (genio de la raza) como lo ha definido Menéndez Pidal?

Creo que Don Gil se merece que le debamos seguir y con mucha atención, no solo estudiándole, sino conociéndole, y hasta me permito decir que íntimamente, como yo lo voy haciendo, desde que inicié los primeros posts de mi blog, y desde que nos vamos preparando a conmemorar el DCL aniversario de su fallecimiento en Viterbo, el 23 de agosto de 1367 y ya hemos celebrado el DCL aniversario de la Firma de su Testamento, el 29 de septiembre, en la ciudad de Ancona, a la que tanto visitábamos desde Bolonia, cuando éramos colegiales (¡tienen un único y maravilloso Carnaval!) y en cuya ciudad hizo su Testamento, repito que el 29 de septiembre de 1364 con más de una veintena de Testigos y Albaceas y con unos Estatutos, hoy con ciertas modificaciones, en parte, plenamente vigentes, tan bien hechos que yo puedo, hoy día a las  14:49 del sábado 21 de diciembre del 2015, seguir no solo recordándole, sino agradeciéndole y mostrándole, con estos modestos recuerdos sobre su Vida y sus Obras y su Espíritu, en prueba de mi humilde pero intenso agradecimiento y permanente gratitud, en estas modestas líneas, con las que queremos describir, ante mis amables lectores, y de un modo pausado, pero organizado, la vida de este Cardenal de San Clemente y fundador del Colegio de los Españoles en la ciudad universitaria por antonomasia que es, ha sido y será siempre, Bolonia.

Vamos a hacer a continuación, y en los momentos vitales más importantes de Don Gil de Albornoz,  un corto resumen final, que quizás vaya mejor al inicio, pero en todo caso, con esta peculiar manera de escribir tan especial y a la vez un ejercicio muy novedoso en mi blog que conocen Vds. en www.joseluispardosperez.blogspot.com y todo él lleno de posibilidades, así que, repito que veremos donde situamos, en el conjunto del futuro Libro, este Post de hoy sobre Don Gil de Albornoz y el "epiléptico" siglo XIV que le toca vivir... sistémicamente, como bien dice, refiriéndose al periodo histórico nuestro el ya bien citado Guy Bois en su La Gran Depresión Medieval: Siglos XIV-XV. El precedente de una crisis sistémica. Biblioteca nueva. Universidad de Valencia, 2009.

Creo que puede ser muy útil situarlo al inicio de la biografía que nos proponemos hacer, con un estilo muy especial – no necesariamente cronológico – que redunde en una mejor comprensión de su Vida, su Obra y su Espíritu, permanentemente existente, aun con el trascurso de casi VII siglos y con los diversos avatares por los que ha atravesado la humanidad desde los inicios del Siglo XIV hasta la actualidad.  

Hagamos ahora un corto y descriptivo análisis de la Vida y las Obras del Cardenal conquense, en estos apartados: Y lo vamos a hacer en lo que podemos llamar los <Hechos y las Actuaciones, providencialmente sistémicas> del Cardenal Albornoz.

A: Ambiente en torno a su nacimiento y primeras Letras.
No hay que olvidar, ni por un instante, que el Siglo XIV es además de lo que hemos dicho, uno de los peores que se dan en la historia de la humanidad, y es precisamente en aquel siglo en el que se produce y actúa vivamente, una personalidad como la de Don Gil de Albornoz, de cuyos primeros trazos ya hemos descrito sus líneas generales así como sus primeros "aldabonazos", que a modo de Introducción general queremos añadir ahora, tras las descripción de su estancia en el seno del Colegio Cardenalicio de Avignon, y con el ruego de que perdonen "setenta veces siete" mis constantes reiteraciones, que repito con la finalidad de aprender, conocer y agradecer, como él mismo sabe su propio alfabeto, el de su lengua latina, enseñada por su madre Doña Teresa de Luna y por su Padre Garcí Álvarez de Albornoz, suponemos, porque vivir con los demás y con SU espíritu, SU ánimo creativo, SU quehacer,  SU permanente formación y SU imperecedero recuerdo y memoria, es algo que AÚN rezuman todos los ambientes, claustros, salas, bibliotecas, pasillos, patios, jardines, capillas, muros y lugares todos de SU Real Colegio de San Clemente de Los Españoles, en su Via del Collegio di Spagna en Bolonia.

B: Don Gil  de Albornoz y Luna, es el tercer hijo varón de Don Garci Álvarez de Albornoz V Señor de Albornoz, tutor del futuro rey Alfonso XI y su madre fue Teresa de Luna o María Teresa Martínez de Luna, de la poderosa casa de los Luna en Aragón. Ambos progenitores están sepultados en la “Capilla de los Caballeros” de la Catedral de Cuenca, que es el mausoleo familiar de los Albornoz. Era hermana doña Teresa de Jimeno de Luna, Obispo de Zaragoza y luego Arzobispo de Toledo.

Para mí, y en este momento de síntesis, y de volver a algo sobre lo que ya he escrito, las etapas básicas de la vida y la obra de Don Gil Egidio de Albornoz y Luna, son modestamente y resumidas las que seguidamente citaremos:

           II. Continuamos con la “epilepsia” del siglo XIV y la infancia y desarrollo “sistémico” de la vida y las obras de Don Gil de Albornoz y Luna, citando solo a sus dos primeros biógrafos.

Debemos continuar con la vida del joven Gil de Albornoz y Luna,  del que sus dos primeros biógrafos, Giovanni Garzoni & Rodrigo de Bivar, así como posteriormente, Juan Ginés de Sepúlveda, impulsados por su estancia en el Colegio de España, durante varios años, y motivados desde el Obispado de Ávila, y desde la Curia, por el obispo Carrilo de Albornoz y el cardenal de la San Cruz, Bernardino de Carvajal, que naturalmente se escriben en latín, idioma todavía al uso en Cataluña pero no en Castilla, a cuya lengua debe traducirse en 1566, cuando se edita la de Sepulveda en Toledo por Antonio Vela, lo que le permite una mayor difusión y su traductor quiso que a la terminación de su biografía, se le añadiera otra traducción del Testamento y unas páginas, redactadas por el mismo Sepúlveda, en las que "guiaba" a los que desearan estudiar en el Colegio de San Clemente.

Por supuesto que hay que resaltar la primera, excelente y profunda biografía que se hizo en 1506 por Giovanni Garzoni, un humanista, médico y catedrático de filosofía en la Universidad de Bolonia, en colaboración con Rodrigo Vivar, publicada y dejando ya de ser un Manuscrito "inedito", por el Colegial don Joaquín Donado, en su "Edición crítica", el 2014, con el título de la "Vita Aegidii" Vol. XCVIII de los "Studia Albornotiana" dirigidos por EVELIO VERDERA Y TUELLS. 

A Sepúlveda, no le gusta esta biografía. La acusa de desconocer la historia, cuando dice textualmente que "paresce que nunca leyó hystoria: y oxalá lo que quiso dezir dixera bien latinamente". (Sic).

           III. Primeros años, infancia y formación de Don Gil. (Providencial en su futuro, los dos hermanos militares y el menor eclesiástico).

La realidad de los primeros años de Don Gil no se conoce bien. Si es cierto que nace, no en Cuenca capital, sino en un pueblito, posiblemente Carrascosa del Campo, a mediana distancia entre Cuenca y Tarancón. Eran cuatro hermanos, él fue el tercero y sus dos hermanos mayores, Alvar García de Albornoz "el Viejo" (VI Señor de Albornoz) y Fernán Gómez de Albornoz, fueron caballeros importantes en la corte de Alfonso XI y el más pequeño Fernando de Albornoz, terminó su carrera eclesiástica como Arzobispo de Sevilla.

Sus padres le proporcionaron, especialmente a Don Gil, la ascendencia de su madre, para desarrollar su estudios y su carrera eclesiástica. Pero no hay que olvidar que Don Gil inició su educación en Zaragoza, donde a la sazón su tío materno, Ximeno de Luna, era arzobispo y precisamente en esta época es cuando inicia sus estudios, pero en ninguna Universidad queda constancia en sus matrículas, y frente a dos caballos, que muy mal describe Luis Guillermo García Valdecasas, en su Articulo Italia en España, Bolonia en Don Gil con el que inaugura el cuidado y precioso libro España y Bolonia. Siete siglos de relaciones artísticas y culturales sencillamente se asegura que "Jaime II ha autorizado a su verger la saca de dos caballos de Gil Álvarez de Albornoz", pero que por el contrario no se le ocurre ni mencionar, que en Toulouse, se encuentra con su Catedrático de Derecho Canónico, Etienne Aubert (futuro Papa Inocencio VI) que por entonces era profesor en dicha universidad y con el que Don Gil tendría una muy estrecha relación como Cardenal en Avignon, como venimos de relatar, en esa especie de “Introducción general” que hemos hacho, en el Capitulo anterior.

           IV. Las conexiones de Don Gil con la corte de Alfonso XI. (Su providencial conocimiento de las estrategias militares en el sur de Andalucía).

Tanto el rey Alfonso XI como Don Gil llegan a la mayoría de edad prácticamente en el mismo año, de 1325, poco más o menos. En todo caso sabemos que en 1322 (como afirma Sepúlveda) Don Gil pertenecía a la familia del Infante don Juan, arzobispo de Toledo e hijo de Jaime II de Aragón y es posible que Jimeno de Luna procurara que su sobrino pudiera beneficiarse de las oportunidades que, para su educación, le ofrecía el pertenecer al sequito del Infante, también destinado a la carrera eclesiástica desde su niñez, como Don Gil (así lo afirma Sepúlveda de quien tomamos todos estos datos).

El nombramiento de Juan de Aragón como Arzobispo de Toledo en 1320 convenía por tanto que un Castellano como Don Gil, formara parte de su séquito. Entre los años 1223 y 1224 Don Gil debió llevar a cabo sus estudios superiores de los dos Decretos y Sepúlveda no se entretiene en ellos, sino que pasa directamente a la privanza de Don Gil con Alfonso XI. Ya tenía una Canonjía con prebenda en la catedral de Cuenca, y afirma Sepúlveda que era arcediano de Huete y de prestimonios y raciones prestimoniales que le proporcionaban una renta anual de no más de 100 florines de oro.

Pero lo más importante, a nuestro entender, es el hecho de la participación de Don Gil en las muy importantes campañas militares que Alfonso XI lleva acabo en la Andalucía del sur, especialmente en la Batalla del Salado de 1340, y más aún en la toma de Tarifa y de Algeciras, de cuya mezquita se quería construir una catedral. Don Gil no solo presencia el desarrollo bélico, sino que providencialmente adquiere su "expertise" en estos temas que en un futuro, como Cardenal Legado en Italia, le serán de la máxima utilidad.

No hay que olvidar algo que los historiadores conocen muy bien, y es que Alfonso XI en esa campaña para la liberación de al-Andalus, mantiene largamente el sitio a Gibraltar, y precisamente en ese sitio, y como único de los monarcas de Europa, es atacado por la peste negra y fallece en 1350 frente a las murallas de Gibraltar, hecho sintomático y anticipativo en varios siglos de lo que se produciría al inicio de la Guerra de Sucesión en el Siglo XVIII.

Pero hay un dato importante que destacar de la vida de Don Gil en sus propias tierras conquenses y es que entre el años 1326 y 1327 la sede del Obispado de Cuenca queda vacante y el cabildo catedralicio propone a Don Gil como Obispo titular, cosa que el Papa Juan XXII, rechaza por dos motivos: 1º Que no tenía aún la mayoría de edad y 2º Que no tenía tampoco las órdenes sagradas. El propio Don Gil inició sus viajes a Avignon, trasladándose en 1327, para solicitar al Papa directamente la aprobación de su elección, lo que no obtuvo.

             V. Extensa Bibliografía en puntos muy concretos: pero necesidad actual de visiones de conjunto en los tiempos que vivimos.

            Hasta ahora hemos venido definiendo y trascribiendo la vida de Don Gil en base a sus biografías más generalmente conocidas o los documentos básicos, que nos dan una luz más amplia, profunda y extensa de una personalidad casi inabarcable y casi inasequible.

Es mucho lo que piensa, lo que escribe, lo que hace y lo que dice, pero queda un hecho incólume de Don Gil, imperecedero y todavía vivo cuando escribimos estas modestas líneas en su honor: se trata del Real Colegio de San Clemente de los Españoles en Bolonia, cuya pertenencia como alumno, desde hace decenas de años, me está provocando todos estos escritos, a modo de difusión "urbi et orbi" - utilizando los medios de la Internet como Google, en el que quizás hayan leído Vds. ya y en el idioma que más cómodo les sea – mis variados  escritos sobre la obra de Don Gil, pero mucho mas todavía, hechos a modo de agradecido recuerdo y de modesto y personal homenaje, en este DCL aniversario de la firma de su Testamento, el 29 de septiembre de 1364, en la ciudad de Ancona y de su fallecimiento el 23 de agosto del 1367 en la ciudad de Viterbo.

Continuemos con nuestra historia del complejo siglo XIV y del gran visionario, previsor y realizador, que se iba formando en lo más íntimo de su persona, y sobretodo en los tan complejos tiempos que le tocó vivir, pero sobretodo hacerlo con la plenitud, el conocimiento, la eficacia, la profundidad y la permanencia con los que los llevó a cabo Don Gil de Albornoz.

Vamos a continuar con los <hechos providenciales> que a mi modesto entender se van produciendo en la vida de Don Gil y que a lo largo de este libro, veremos como nos van explicando, o dándonos más luz del modo como Don Gil resuelve los tensos problemas a los que debe enfrentarse, dotado sin duda de esos <hechos providenciales> que, repetimos, se van produciendo, acumulando e insertando en su propia vida. Son "providencias" que nunca se han visto como tales, pero que nosotros queremos seguir desgranándolas, al hilo especialmente de las biografías de Giovanni Garzoni & Rodrigo de Bivar, así como la que tuvo mayor difusión, la de Juan Ginés de Sepúlveda que hemos, en parte, tomado como “guía general” en esta primera exposición, digamos que histórica, de la vida y las obras de este preclaro personaje conquense.

No hay que olvidar que el Colegial Julián Donado Vara, que ya se doctoró en este tema, tuvo la fortuna de hacer del “incunable” manuscrito de la “Vita Aegidi” una publicación, en el 2014, y como Volumen XCVIII de los “Studia Albornotiana”, en justo homenaje al DCL aniversario de la firma del Testamento de nuestro Fundador, el 29 de noviembre del 1364.

           VI. Primeras misiones: (su providencial  conocimiento y práctica en las negociaciones diplomáticas en las que se ve envuelto).

Es evidente que en torno al primer tercio del "epiléptico" siglo XIV, Don Gil de Albornoz se va situando en una posición importante, no solo desde el punto de vista civil y cortesano, sino también eclesiástico y político, dejándose ya conocer bien en los ambientes de la Curia de Avignon. Es también evidente que, la propia mente de nuestro futuro enviado a Avignon, conoce ya y muy de cerca, las alteraciones por las que atraviesa la vida paupérrima, llena de miseria y sobre todo en constante despoblamiento, de una Castilla o de un Aragón, que aunque no sufren como Europa de los cambios climáticos, si que es verdad que la penuria de alimentos, las hambrunas y la consiguiente perturbación de la vida social, laboral, agraria y urbana, se ven muy afectadas. De todo ello es muy consciente nuestro futuro Arzobispo de Toledo.

Pero lo que queremos destacar, en este apartado de lo que hemos venido en llamar "providencias" en la vida de Don Gil, y en este caso es el hecho de que se le encomienda, por al corte de Alfonso XI, con la que no solo estaba ya muy vinculado, sino de la que había vivido, escuchado, entendido y aprendido mucho, se le encomiende repito, la importante misión como Embajador ante la Curia papal, para participar en la coronación de Benedicto XII en 1334. Pero las dotes de negociación - que tanto utilizaría en sus diversas misiones en Italia - se afianzan más, pues además de esa misión, tiene la de solicitar al papa la concesión de la décima y otras rentas eclesiásticas que restaban de las concedidas por Juan XXII en especial para la guerra de Granada, que Alfonso XI había tenido que suspender por falta de recursos y tuvo que renegociar la concesión de las rentas que obtuvo de Benedicto XII, extremo que sin duda le volvió a situar en una alta estima por el Rey Alfonso XI, e igualmente por el pontífice que voluntariamente se las concedió.

Es más, no hay que olvidar que en esta ocasión y a unos escasos 30 años, Don Gil fue nombrado ya como capellán del papa. No solo Don Gil resolvió el enojoso tema de los "bienes de despojo" del obispo de Cuenca, que había enfrentado al cabildo con Juan XXII, sino las rentas de la sede vacante, con lo que su éxito fue todavía mayor, cosa que se sabía en Avignon, en Castilla y en los ambientes eclesiásticos de Cuenca y de Toledo.
 
Por si fuera poco, Don Gil tuvo que negociar también en 1336 con los representantes de Navarra la famosa solución del litigio por la posesión del Monasterio de Fitero y del castillo de Tudején. Parece ser que en aquellos momentos ya figuraba como parte del Consejo Real y miembro de la Cancillería, cuya firma aparece en la suscripción de algunos documentos.  

VII. Primera autoridad eclesiástica como arzobispo de Toledo (y su providencial Cancillería mayor de Castilla).

El fallecimiento a fines de 1337 de su tío Jimeno de Luna, sus posiciones eclesiásticas y de gran prestigio en la corte de Castilla, hicieron que Alfonso XI, propusiera al cabildo toledano que fuera Don Gil el sucesor. Se conjuntaban en Don Gil la máxima jerarquía eclesiástica del reino, junto al canciller mayor de castilla, cuando solo tenía 35 años.

A pesar de la fragilidad y la debilidad de las expectativas de vida en este complejo siglo XIV, tuvo Don Gil mucha vida por delante, pero como hemos destacado en el apartado de las "providencias" que acompañan a este genio más grande que en política haya producido la raza que las virtudes y las dotes de negociador diplomático se le sumaran ya al inicio de su misión al frente de su archidiócesis primada y la más prestigiosa de Castilla.

No hay que olvidar que el cuerpo político más importante en aquellos momentos, y durante muchos siglos fue el consejo de Castilla, que llevaba adjunta la sede primada. Es pues otra y muy especial providencia si se puede decir en la "formación" que Don Gil se inicie, en el comienzo de sus años maduros, con un conocimiento detallado y profundo de las negociaciones y de las relaciones entre la Iglesia con el Estado, que considero de modo muy providencial, en y para el ulterior desarrollo de su vida y de sus obras, en Castilla, en Avignon y en Italia.

Estamos ante un personaje en donde se van produciendo unas “Asimilaciones”, como preparándole, repito que "providencialmente" para tantas y tantas cosas a las que se iba a tener que enfrentar y en las que tenía que tomar decisiones de gran calado, y que muchas de ellas han permanecido hasta la actualidad.

           VIII. Una corta digresión: algunas de las Navidades de Don Gil de Albornoz (post del 24 de diciembre del 2013).

Es muy posible que no andemos muy lejos de la realidad, pero las 64 Navidades del Sr. Cardenal Don Gil de Albornoz, pueden ser muy similares a lo que vamos a tratar de decir a continuación y de un modo muy general, como lo que venimos repitiendo sobre ese "genio más grande que en política ha producido la raza" según decía Menéndez Pidal o "el más eminente político de la Edad media" como aseguraba Cánovas del Castillo.

Y algo debe de haber de verdad, si dos personalidades de ese calibre, le definen en esos términos, precisamente en el área de la política, que ellos conocen tan bien y en términos, difícilmente más laudatorios.

Pero ¿Cómo fueron las Navidades de Don Gil de Albornoz? Yo las veo y muy diferenciadas, en una docena aproximada de las muy diversas Navidades de nuestro Cardenal, sobre las que tenemos "alguna" constancia y que vamos a tratar de describir, muy breve y concisamente, en base sobre todo a lo que, venimos escribiendo sobre su vida y sus obras, en los posts de mi blog en Google, a veces des-labazados o des-hilvanados des-hilachados, pero que le dedicamos, siempre, a Don Gil con tanto respeto, como admiración y con unos muy fervientes deseos de que, su permanencia y su duración en esta Edad (media) global o sistémica como dice Guy Bois, en la que tiene que vivir Don Gil de Albornoz es, en términos muy generales, muy similar a lo que se vivió en la llamada Baja Edad Media en el sin duda, peor de todos los Siglos que ha vivido la humanidad: el siglo  XIV.  Recuerdo de nuevo la definición, también de Don Ramón Menéndez Pidal, que lo ha sido calificado, en sus estudios sobre Ramón Lull, como el "Siglo épiletico".

Pero antes de entrar en la Navidades de Don Gil de Albornoz, dejemos ligeramente entrever que es lo que de verdad ocurrió en este fin de siècle, fin d'époque o finalización de un hecho histórico, como fue la ultima parte del medioevo. Y es lo siguiente: La Baja Edad Media es el último período de la Edad Media. En la Península Ibérica, como en el resto de Europa, estuvo marcada por la crisis de los siglos XIV y XV. A finales del siglo XIII, Europa había llegado al límite del modo de producción feudal: era cada vez más difícil alcanzar el equilibrio entre producción de alimentos y población. En el caso de los pueblos hispanos, el esfuerzo militar y repoblador de la llamada Reconquista había sido inmenso, el avance territorial excesivamente rápido, etc. De este modo, en el siglo XIV se rompe el precario equilibrio de todos estos elementos y se produce una crisis, que es general en toda Europa. Esta crisis del Siglo XIV se considera, desde el punto de vista historiográfico, como la muerte de la Edad Media y el surgimiento de los Estados Modernos.

Pues por todo ello, por la gran crisis global del siglo XIV, por el nacimiento de los Estados Modernos, por la quiebra y destrucción de la feudalismos, por la desaparición de las grandes instituciones como el Sacro Imperio Romano o la misma Iglesia Romana, que después de XIII siglos debe dejar la "Ciudad eterna" para trasladarse a Avignon, pasará/volará/trasformará/ triunfalmente, Don Gil de Albornoz, pero con halos de gran dignidad, elegancia y "savoir faire" (yo me atrevería a decir que "de profesionalidad") tanto en la vertiente de los conocimientos eclesiásticos, en sus dignidades de más alta alcurnia, en la validez de las estrategias militares, en la política de ordenación de territorios y de ciudades, como los municipios insurgentes en una Italia "casi" prerrenacentista, que no puedo menos de afirmarlo en este momento, en el que siguiendo la huella de mi preciado Patrón y Cardenal de San Clemente de su Colegio de los Españoles, con mucha timidez, pero con mucha confianza, me acerco a este pequeño estudio/análisis de sus eventuales Navidades, y sus fines de años, apoyado en lo que ya le voy conociendo y en las huellas que me va dejando, en mi y en mi modo de pensar... de las que luego diré mucho más (Deo volente).

He aquí las referidas y posibles Navidades de Don Gil de Albornoz, según nuestro parecer:

A: En familia, en Carrascosa del Campo y en Cuenca, junto a su Madre Teresa, su Padre Garci Álvarez y sus dos hermanos, Alvar García y Fernán Gómez. Quizás con un Belén y sin duda con mucho frío, pero con mucha intensidad familiar, hasta que inicia sus estudios en Zaragoza, una vez que en su casa paterna ya ha aprendido las primeras letras, en su latín natal.

B: En sus estudios primarios en Zaragoza, posiblemente viviendo muy cerca y hasta con su tío, el arzobispo Don Jimeno de Luna, hermano de su madre, que cuidaría con esmero de su enseñanza primaria en su temprana afición por las letras. Es un hecho casi evidente, aunque no consta documentalmente, que Don Gil, en torno a los años 1310 al 1314 cursa en el Seminario diocesano de Zaragoza, se estudios de gramática, algebra, matemática y latín.

C: En sus estudios universitarios, decididamente, a nuestro parecer, en Toulouse, en alguno de los años entre el 1315 al 1325. Alguna Navidad la debió pasar allí, especialmente siendo su Profesor de Derecho canónico, Etienne Aubert, futuro papa Inocencio VI. Tiene mucho más valor el afecto y la distinción que le profesa el papa Inocencio VI, que los "supuestos" cuadrúpedos/caballos que se dice atraviesan el reino catalano-aragonés con destino a Montpelier. Creo que las navidades las pasó con las vistas o en las faldas de los nevados pirineos en Toulouse.

D: Los inicios de su Carrera eclesiástica se desarrollan en Castilla, siempre en relación con el  Infante don Juan arzobispo de Toledo ya en 1320, al que le une gran amistad y que son casi coetáneos, obteniendo la mayoría de edad en torno a 1325, y ejerciendo como Archidiácono de Calatrava y de varios beneficios en Cuenca.

E:  En su privanza con el rey Alfonso XI y en sus importantes luchas contra los Benimerines, y siendo su eficaz Embajador ante el papa y el rey de Francia, de los que obtuvo los préstamos necesarios para la conquista de Algeciras y Tarifa y que disfrutaba ya de canongías y prebendas en la Catedral de Cuenca, así como el Arcedianato de Huete, hace pensar que sus Navidades pudieron volver a ser en su Cuenca natal.

F:  En Toledo como arzobispo, y protegido del Infante don Juan, pasó su primera Navidad la de 1337, cuando fallece su tío el anterior arzobispo Jimeno de Luna y es nombrado por Benedicto XII en 1338 y desde cuya archidiócesis tuvo una muy importante actividad espiritual, con su clero y con sus feligreses. Don Gil organizó tres Concilios (en 1339, 1345 y 1347) varios Sínodos, así como editó, en Castellano, un Catecismo, muy popular. Pero a su vez llevaba anejo el cargo político más importante de Castilla que era el de Canciller Mayor, por lo que, al menos, sus 12 años eclesiásticos y políticos, frente al arzobispado de Toledo, hacen pensar en que muchas Navidades las pasó contemplando sobre el Tajo, lo que le hicieron "casi" un maestro para lo que le esperaba en plena Baja Edad Media.

G:. Se sabe que Don Gil deja Castilla y el arzobispado cuando Pedro "el cruel" toma las riendas del trono de Castilla. En Avignon, a donde se "exilia" cuando Alfonso XI muere de pestilencia en las murallas de Gibraltar, y donde el papa Clemente VI le concede, precisamente antes de la Navidad, el 17 de diciembre de 1350, el Capelo cardenalicio, que él toma bajo el título del cuarto papa de la Iglesia, San Clemente.

H: En Italia en Montefiascone, en Orvieto y en otros diversos lugares y como Legado pontificio, conquistando las fortalezas, castillos y ciudades en "revuelta" contra el papado, especialmente el tribuno romano Cola di Rienzo en la ciudad de Roma, cuya accidentada muerte le impidió a Don Gil, devolver ya Roma al papado.

I: En Ancona precisa y sucesivamente en las Navidades de diciembre de los años 1355/56/57, como afirma José Trenchs Odena, en El itinérario del cardenal Albornoz en los “Studia Albornotiana”, Vol. XXXV, Tomo IV, pp. 39 y ss.

L: Especialmente en la misma ciudad de Ancona, y aunque no es precisamente en Navidad, pero cuando hace su Testamento, declarando heredero universal de todos sus libros y bienes al Domus Yspanica de Bolonia el 29 de septiembre de 1364, todavía existente y para estudiantes Españoles y Portugueses, dado que en épocas Castellanas del Cardenal Albornoz, su rey Alfonso XI estaba casado con la hija del rey de Portugal, quien le ayudó en sus victorias contras los benimerines, en el sur de Andalucía.

Estas Navidades, que celebramos en estos momentos, son un grato recuerdo para un personaje dotado, en muy alto grado, de una gran espiritualidad y muy conocedor de la política y de los reglamentos que adopta y proclama en el Parlamento de Fano, (Las Constituciones Aegidiane) que han estado en vigor, desde su promulgación en 1353, hasta el Concordato de Italia con el Vaticano de 1929, aunque antes fueron derogadas por el régimen Napoleónico en torno al 1818.


           IX. Parte I: su obra espiritual, estratégico pastoral, eclesiástica, política, cultural y económica… entre otras cosas.

Es evidente que al fallecimiento, en noviembre de 1337, de Jimeno de Luna, todos los estamentos que tenían que contar en la elección de un nuevo arzobispo de la diócesis primada, estaban de acuerdo en la persona de Don Gil de Albornoz. No solo el papa, que como Benedicto XII ya no oponía las reservas que en su día presentó Juan XXII al consejo presbiterial de la Catedral conquense, por la falta de edad y no haber todavía recibido las órdenes sagradas, lo que ya se había cumplido y con creces, sino por que se trataba de un candidato al que conocía personalmente y con el que había tenido negociaciones importantes del papado y de los franceses para Castilla, y muy especialmente en sus campañas para hacer frente a las invasiones de benimerines y para dejar libre el sur de la península de los invasores musulmanes.

Pero hay que decir muy claramente que el rey Alfonso XI, nieto de Alfonso X, el Sabio, tenía una manifiesta predilección por el Cardenal Albornoz, especialmente como resultado de una también manifiesta amistad, forjada en los hechos de haber participado juntos, en muchos temas de alto interés, para la defensa de Castilla y más aún para la obtención de resultados muy positivos, en varias misiones y encomiendas diplomáticas, a las que Don Gil atiende con el esmero, la puntualidad y la inteligencia que le son características.

Poco hemos dicho de estos tres extremos, pero creemos que debemos señalarlos ya en este momento y antes de entrar específicamente en el nombramiento de don Gil de Albornoz como arzobispo de Toledo en el año 1338 y en donde estuvo hasta el 1350. Sus predecesores habían sido Jimeno Martínez de Luna, (de 1328 a 1338) y Juan el infante de Aragón (de 1319 a 1328).

Es evidente que Don Gil vive en Toledo los momentos culminantes del rey Alfonso XI y entre ellos la liberación del Estrecho de Gibraltar de las tropas de los benimerines, que habían ido llegando desde Fez en especial y muy recientemente y consiguiendo llevar los límites cristianos a los confines de la península ibérica, sin olvidarse del tema de Gibraltar, en cuyo sitio vio la muerte por la invasora peste en marzo de 1350.

Durante el arzobispado de Don Gil, muchas de las plazas del sur peninsular, debieron rendirse a las tropas de su Rey Alfonso XI, tales como Alcalá en 1341, y un poco después Priego, Carcabuey, Rute y la torre Maltera. Luego vinieron estratégicamente  hablando, las batallas del río Palmones y finalmente la importante y crucial toma de Tarifa y Algeciras, donde Don Gil estuvo acompañando a su rey  Alfonso XI y elaborando, con el papa, la posibilidad de convertir aquella Mezquita en una Catedral.

La experiencia, a tan corta edad, de dichas y directas "aventuras militares" dejaría una importante huella en nuestro Don Gil. Creo que es un dato básico, porque cuando llega a Avignon en 1350, al terminar o al "alejarse" personal y voluntariamente de su arzobispado, ese "bagaje" estratégico quizás no lo poseía ningún otro cardenal residente o fuera de Avignon. Son las providencias en y de Don Gil a las que nos referíamos anteriormente, y que seguiremos viendo ahora, para que podamos comprobarlas más adelante, especialmente durante su estancia en Italia, como Legado Pontificio.

Estas relaciones personales y profesionales (en el mejor sentido de la palabra estratégicas) no solo no se perdieron nunca, sino que se acrecentaron y se diversificaron con el paso de los tiempos. La misma Batalla del Salado, en 1340 es otra colaboración importante  entre el arzobispado de Toledo y la corona de Castilla. Baste observar que precisamente, en el contexto de la Batalla del Salado y tras la decisiva victoria, en su día, de la de "Las Navas de Tolosa" en 1212, los almohades perdieron el control sobre el sur de la península Ibérica y se replegaron al Norte de África, dejando tras de sí un conjunto de desorganizadas “taifas” que fueron ocupados por los reinos cristianos entre 1230 y 1246.

Tan sólo el reino de Granada logró mantenerse independiente, aunque fue forzado a pagar un elevado tributo en oro a Castilla cada año. Por aquel entonces, el reino de Granada comprendía las actuales provincias de Granada, Málaga, Almería más el istmo y peñón de Gibraltar. Eso lo tenían muy en mente Alfonso XI y su arzobispo primado Don Gil de Albornoz. Lo tenía en mente y lo iban a ejecutar en la práctica.

Sin querer exagerar estos dos puntos fundamentales y "casi" finales de nuestra reconquista, que se producirían solo un siglo después, tanto el Reino de Granada, como el Peñón de Gibraltar, en cuyo sitio y asedio murió en marzo de 1350 Alfonso XI precisamente de peste, son dos símbolos de lo que iba a suceder en el curso de la Historia del Reino de Castilla y del de Aragón y que los vivió, de muy primera mano, Don Gil de Albornoz, con todas las experiencias y valor acumulado para sus actuaciones futuras.

Pero hay más, quizás mucho más, porque Don Gil tiene frente a si un momento histórico, de muy amplia y densa envergadura. Lo que hemos dicho de la estrategia bélica, es solo el principio de un momento histórico en el que se produce también otra estrategia, la de una renovación espiritual, en su archidiócesis de Toledo, en su clero y en sus fieles, que provenía desde los inicios del Siglo XIII. Por  que no hay que olvidar que, esta especie de "renovación espiritual" que recibe al arzobispo Albornoz, en su Diócesis primada, y que se había originado hacía casi ya un siglo, en el IV Concilio Ecuménico de Letrán del 1215 pero que no se  había manifestado en Castilla, hasta la llegada del infante don Juan y del antecesor de Don Gil, don Jimeno de Luna.

Es otra de las providencias en y de Don Gil. Les parecerá a Vds. hechos coyunturales o desproporcionados, pero vamos a tratar de demostrar que no son así: Don Gil de Albornoz, tiene una profunda fe, es pastor de almas y cree además en un clero ilustrado, si se me permite esta expresión con criterios "avanzados" del Siglo XVIII, pero en todo caso, Don Gil cree que el clero, su clero, el que depende del arzobispo primado de Toledo, debe instruirse, educarse, conocer cual y donde están las motivos de su fe, y ello realizándolo pastoralmente, para lo que no tiene más que dos caminos:


1º La celebración de Concilios provinciales, y

2ª La elaboración de Sínodos al respecto, que es precisamente lo que nuestro enviado desde la Diócesis de Toledo va a hacer, en primer lugar con los Concilios de los años 1339, 1345 y solo tres años antes de dejar su arzobispado en el 1347.

Es preciso tener muy en cuenta dos hechos más. Don Gil de Albornoz es sin duda pastor de almas, y conoce muy bien a su clero y a sus monjes. No solo por la aparición y existencia del clero en los ejércitos, que tanto ha frecuentado, sino que los conoce también de sus parroquias y de los monasterios, por los que tiene una especial atención y devoción. El hecho anterior es tan llamativo que Don Gil, hace un pronunciamiento para su clero al que ruega que: 1º Se raspen la barba, al menos una vez al mes; 2º No dejen que los cabellos les lleguen más abajo de las orejas; 3º Que se alejen de prostitutas y barraganas y 4ª Que digan, al menos, 4 misas al mes.

Pero si al lector le parece poco esta estrategia espiritual de Don Gil de Albornoz, debe saber que es también el autor de un catecismo en lengua castellana, que ya era la utilizada por la comunidad. Ese catecismo en castellano y publicado en torno a uno de sus primeros sínodos,  como se afirma en la obra de Derek W. Lomax, El catecismo de Albornoz, en "El Cardenal Albornoz y el Colegio de España", Vol XXXV, de los “Studia Albornotiana” T. 1 pp. 213 y ss. cuando afirma que dicho catecismo era originario de la obra del infante Juan redactado en latín y que escribió hacia 1325, resumiéndolo Don Gil posteriormente, dada la extraordinaria sensibilidad religiosa y la gran cultura del infante don Juan y su amistad con Don Gil.

El Catecismo se extendió por todo el reino de Castilla, y aunque en Aragón y Cataluña se hablaba menos el castellano, es de reconocimiento general que dicho catecismo tuvo un importante impacto en las Parroquias, en los Monasterios y en las familias en general.

No hay que olvidar que además el arzobispado primado de Toledo llevaba anejo el órgano más importante de la Política en Castilla, que eran ser Canciller, Consejero del rey y Delgado papal para  la Cruzada, lo que en muchas ocasiones pondrá a Don Gil, en situaciones de tener que ejecutar otras acciones que consideramos como  providencias en y de Don Gil pero en este caso en el área de la Política, aunque todo ello lo veremos después.

           X. Parte II: su obra política, cultural y económica… entre otras cosas.

A mi entender Don Gil de Albornoz, comienza a ensayar desde su archidiócesis en Toledo una especie de verdadera "cruzada" espiritual y para las "contiendas" en la defensa de la integridad territorial, especialmente en el final sur del reino de Castilla, (Tarifa, Algeciras, Gibraltar y Granada) con su ejemplo, con su predicación y hasta con la difusión del catecismo, al que nos hemos referido anteriormente y tratando de apoyarse, cada vez más, en un clero más educado y "más militar" en materias de fe, lo que sin duda junto al papado en Avignon y los reyes de Aragón, Portugal y Francia, ponen las bases más importantes, para la ansiada liberación del poder musulmán en Castilla, precisamente en momentos en los que el arzobispo de Toledo, va tomando conciencia de la importancia de su misión eclesiástica, política y económica.

Lo vamos a tratar de explicar a continuación.

Pero además no hay que olvidar tampoco otras cosas, que estimo del máximo interés: 1º La íntima compenetración de Don Gil con el rey Alfonso XI de Castilla; 2º El hecho de que el arzobispo de Toledo llevara anejo el cago de Canciller de la Corte, Consejero del rey y Delegado del papa para la citada "cruzada" y 3º Que el arzobispo de Toledo dispusiera de importantes caudales, que para aquellos momentos no solo le eran necesarios en su función eclesiástica, sino también en la política, dentro de un reino, que andaba en "vías" de terminar con una reconquista iniciada, hacía ya casi más de seis siglos.

Es una situación muy especial de la que queremos destacar algunos extremos:

La intimidad entre Don Gil y el rey de Castilla, se ve inalterada por la situación personal de Alfonso XI, que siendo hijo de Constanza de Portugal, habiendo contraído un primer matrimonio con la hija de Don Juan Manuel, Constanza (en un matrimonio no consumado y posteriormente anulado) lo hace por segunda vez con su prima hermana María, hija del rey de Portugal, con la que solo tuvo dos hijos y a partir de 1330 llegó a tener hasta diez con su amante Leonor de Guzmán, a la que Don Gil no parece ni mencionar, con la frecuencia que debería dada la larga y conocida situación de concubinato a que dieron lugar los diez hijos ilegítimos, desde 1330 a 1345.

No hay que olvidar tampoco que Don Gil, en el momento de fallecer de la peste su rey de Castilla, Alfonso XI, el 26 de marzo de 1350 y precisamente en el sitio de Gibraltar, tras la conquista de Tarifa y Algeciras, a la que él le acompañó en todo momento, emprende sin siquiera despedirse del nuevo rey Pedro I, su marcha a Avignon, pensando en Castilla, pero también con la mente puesta en la cristiandad y muy en particular en la situación de la Iglesia "exilada" en Avignon, prácticamente desde que él nace.

Tampoco hay que olvidar que los reinos de Portugal, Aragón y Cataluña prestaron sus flotas y sus ejércitos a Alfonso XI (especialmente en la importante Batalla del Salado de 1340) y que los préstamos requeridos para terminar con los benimerines, fueron solicitados por Don Gil en su embajada con el rey de Francia, acompañado por su hermano Álvaro, quienes tuvieron que presentarse hasta con coronas llenas de pedrerías, para aparentar su solidez "económica" y obtener el préstamo, como luego, en Avignon, donde Albornoz aprovechó para visitar al papa, pedirle el citado préstamo y hacer, a su vez, la visita "Ad limina".

Esta relación tan estrecha con Portugal nunca la olvida Don Gil, y nos permitimos hacer "un avance" de lo que va a venir, pues cuando piensa en la educación y en reunir a los estudiante en torno a la mejor Universidad del mundo, la de Bolonia, cuando crea su Domus Yspanica el 29 de septiembre de 1364, no puede olvidarse de los portugueses, ni "de los reinos de los dos mares" que de hecho estudian en dicho Colegio, y cuya relación, para confirmar lo dicho, está recogidos en la obra que citamos a continuación, a pesar de nuestra aversión a hacer citas bibliográficas. Pero se trata del Artículo de Antonio Domingues de Sousa Costa, OFM, "Protugueses no Colégio de S. Clemente de Bolonia o século XV", en el T. IV, de los “Studia Albornotiana”, dirgidos por Evelio Verdera y Tuells, en el vol. XXXV,  ps. 211 a 417.

Creemos que tampoco hay que olvidar que el Colegio que funda el Cardenal Don Gil de Albornoz, en su Testamento hecho en Ancona - y no queremos adelantarnos al tema, ni a los importantes detalles, que llegarán en su momento - es una Domus Yspanica, conocida también como Colegio de San Clemente, advocación que toma Albornoz, en 1350, como título cardenalicio a cuya custodia se acoge, por ser San Clemente, Obispo de Roma, mártir y el cuarto papa de la Iglesia, en cuya fecha, además, celebramos anualmente todos los Bolonios, el día 23 de noviembre, el permanente recuerdo, gran respeto y constante agradecimiento, a nuestro Patrón, Protector y Cardenal, Don Gil de Albornoz y Luna.